“Con dolor darás a luz a tus hijos”

Violencia obstétrica, la imborrable condena bíblica del parto

En CDMX, la Ley de Salud se queda corta para definir y castigar agresiones durante el nacimiento, acusa activista; madres asumen sufrimiento como algo natural

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Una mujer recibe atención médica antes del parto. Imagen de archivoEspecial
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“¡Estás bien p…., el parto se le está pasando!”, gritó el médico titular a la residente que atendió a Griselda Mora, quien a pesar de sus contracciones, que la llevaron al punto de la inconsciencia, lidiaba en soledad con el dolor mientras su inexperta doctora leía una revista, en una clínica de la Ciudad de México.

A Monserrat Ramírez no le había ido tan mal con el nacimiento de sus hijos, pero el último sí que fue un calvario: el bebé estuvo a punto de perder un pedazo de intestino por sufrimiento fetal, los médicos nunca detectaron signos de alarma y riesgo.

Esta madre de cinco niños contó a La Razón cómo en el área de ginecobstetricia, la médica a cargo “no preparó la sala donde tendría a mi bebé, por lo que tuve una pequeña lesión cuando nació. Además, me pusieron un medicamento erróneo”.

Violencia obstétricaLa Razón

Yanet Tabiel acompañó el parto de su hermana, quien el día en que tuvo una amenaza de aborto la vio batallar sin apoyo de enfermeras, en el baño del hospital, junto a otras mujeres que también padecían desatenciones.

Para justificar su incapacidad laboral, Rosa Linda de León fue sometida a un número excesivo de revisiones con tacto vaginal, con todo y que ella expresó su incomodidad, además porque padecía hiperémesis —presencia extrema e incontrolable de náuseas y vómitos persistentes—. “Por más que me quejé con los directivos, no dejé de sentirme maltratada”.

Ninguno de estos casos terminó en una queja formal por violencia obstétrica, un término que aparece en varias legislaciones estatales, pero que, en el caso de la Ciudad de México ninguna ley específica la contempla, a pesar de ser la entidad federativa con más incidentes de este tipo, de acuerdo con el colectivo No Más Violencia Obstétrica.

AGRESIONES… NORMALES EN CUALQUIER PARTO

Después de que Adriana Buenrostro tuvo una mala experiencia durante el parto, se integró a un grupo de mujeres con las que formó el colectivo No Más Violencia Obstétrica, con el afán de reunir estadísticas e impulsar su reconocimiento como un tipo de agresión contra la mujer.

En entrevista para La Razón, explicó que la normalización del problema es tal que se cree que es un proceso inherente al embarazo. A diferencia de estados como Guerrero y Veracruz, donde está tipificado como delito, en la CDMX no hay ninguna ley que dé una definición concreta y textual, lo cual es un reflejo de lo que pasa a nivel federal. En la Constitución local el término se incluye en un artículo sobre los Derechos Reproductivos, sin que se le dé una definición.

No existe un marco normativo que aclare qué es la violencia obstétrica, cómo identificarla o cuáles son los factores que indican qué es, además, tampoco es muy conocida la manera en la que se puede denunciar

Adriana Buenrostro/Activista

“A nivel federal, en México no existe un marco normativo que aclare qué es la violencia obstétrica, cómo identificarla o cuáles son los factores que indican qué es; además, tampoco es muy conocida la manera en la que se puede denunciar. Al no haber una definición en la ley, puede prestarse a muchas interpretaciones”, advirtió.

Fuera de los estados donde está tipificada la violencia obstétrica, la alternativa para denunciar es la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH); sin embargo los alcances de este organismo no van más allá de una recomendación que está muy lejos de convertirse en sanción.

Al margen de México, otras naciones en Latinoamérica y Europa no sólo tipifican la violencia obstétrica como delito, sino que, además, está integrado entre los crímenes con perspectiva de género.

Ante la falta de herramientas para que se castigue esta práctica común, No Más Violencia Obstétrica elaboró un formulario para que madres mexicanas, víctimas de violencia obstétrica documentaran sus casos. Hasta el momento, con base en este acopio de testimonios, mujeres de Colima y Ciudad de México son las que más acudieron a esta convocatoria.

“LAS DEJAN AL ÚLTIMO POR QUEJARSE”

La activista sostuvo que la violencia obstétrica es mucho más fuerte de lo que muchas mujeres perciben, porque empieza desde las conductas más comunes, como cuando el médico critica a las mujeres que tienen más de un hijo, hasta cuando les niegan la atención por quejarse: “las dejan al último de la fila”.

Te humillan como si fueras culpable... cuando ven a una mujer que ya va por el tercer hijo, le dicen: ‘¿cómo es posible? De aquí vas a salir con tu DIU’"

Adriana Buenrostro/Activista

“Te humillan como si fueras culpable, cuando muchas veces no saben cómo fue que la mujer llegó a ese estado y tanto médicos como enfermeros, camilleros… toman ese rol de cuidadores y regañan, cuando ven a una mujer que ya va por el tercer hijo, le dicen: ‘¿cómo es posible? De aquí vas a salir con tu DIU’", alertó.

Uno de los temas más preocupantes y que muy pocas personas lo hablan, contó la entrevistada, es la mutilación genital femenina en México, que se hace cada vez de manera más sistemática en el momento del parto.

“Son cortes que se hacen en la vagina para evitar desgarres (en el momento del nacimiento). Según los formularios del colectivo (357 testimonios), 42 por ciento de las mujeres tuvo estos cortes y de ellas, 21 por ciento apuntó que el procedimiento se les hizo de manera vertical, lo que provoca heridas que llegan hasta la zona rectal, dejándoles secuelas permanentes”, denunció.

Datos de violencia obstétricaArmando S. Armenta/La Razón

Más de la mitad de los testimonios recabados, 51 por ciento, dijo que nadie tomó en cuenta su consentimiento para que le practicaran este procedimiento.

A decir de Adriana Buenrostro, estas prácticas son de lo más comunes en México y en América Latina, a pesar de que no tienen ninguna justificación médica.

PROYECTO DE LEY BLOQUEADO

La Ciudad de México ya tuvo un intento en el Congreso capitalino para incluir el término violencia obstétrica en la Ley de Salud; sin embargo, recientemente tuvo su primer revés, pues el dictamen fue votado en contra.

“Las autoridades adoptarán medidas para prevenir, investigar, sancionar y reparar la esterilización involuntaria o cualquier otro tipo de método anticonceptivo forzado, así como la violencia obstétrica”, se lee en un apartado del Artículo 6 de la Constitución de la Ciudad de México, pero es lo único, en el resto no se vuelve a mencionar nada sobre los daños que sufre una mujer al parir, por parte de quienes le dan atención médica.

El diputado local Ricardo Fuentes presentó de manera reciente una iniciativa que pretende incorporar al catálogo de conceptos de la Ley de Salud la definición de violencia obstétrica como “toda acción u omisión ejercida por parte del personal médico o administrativo perteneciente al sistema de salud público o privado de la CDMX en la que se dañe o lastime física o psicológicamente a la mujer que está en proceso de tener un hijo”.

El objetivo, se detalló, era garantizar la atención obstétrica “humanizada, calificada, accesible y de calidad”. Igualmente, consideraba la incorporación de la medicina indígena tradicional y partería.

Sin embargo, la semana pasada, la Comisión de Salud desechó la propuesta, con el argumento de que ya hay normas que establecen los cuidados que deben garantizarse, para evitar la violencia obstétrica; sin embargo, el dictamen no menciona a qué lineamientos se refiere.

El legislador puntualizó que un marco legal más amplio es necesario para erradicar la violencia obstétrica, pues a veces es imperceptible por las víctimas. “Empieza desde que los procedimientos no son consultados y autorizados por la mamá”, sobre todo en aquellos casos que implican cortes en la vagina para que salga más rápido el bebé.

Esas cosas ya ni las preguntan, las toman como si fuera parte del procedimiento, porque muchas mujeres piensan que es normal, porque no van a cuestionar al médico y menos en un momento como ése

Ricardo Fuentes/Diputado

"La iniciativa parte de lo que viene en la Constitución local de que se tiene que legislar en la materia, hice consulta con amigas parteras, hemos trabajado mucho en reconocer a la partería como patrimonio cultural intangible y ellas son las que me comentan que, a pesar de las normas, sí hay violencia obstétrica”, recordó el legislador.

Fuentes se dijo contrariado por la decisión que tomó la comisión que desechó la propuesta, por lo que informó a La Razón que solicitó el dictamen con el fin de verificar que los argumentos del rechazo son sostenibles o, en su caso, buscar la forma de darle continuidad.

ESTO DICEN LOS MÉDICOS

Siempre hay dos caras de la moneda en los casos donde madres se sienten violentadas por personal médico: el de ellas y justamente el del quienes las atienden. La doctora Dulce Montserrat Hurtado Olin, egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considera que hay una falta de cultura y, por lo tanto, de conocimiento sobre la salud reproductiva, “pues es obvia la cantidad de embarazos no planeados” y la falta de cuidado prenatal.

Muchas mujeres no se cuidan durante la gestación y eso hace que tengan un embarazo complicado que, una vez en la actividad del parto, echan la culpa a los médicos y enfermeros, por no hacer las cosas más fáciles para ellas

Montserrat Hurtado/Médica

La médica general mencionó que a partir de que empezaron este tipo de denuncias, se ordenó disminuir el número de cesáreas, porque muchas quejas se centraban en decir que nunca se les preguntó ni autorizó hacérselas.

Y también pasa lo contrario, que una mujer que tiene todas las condiciones para un parto natural, prefiere que le hagan la cesárea, sin importarle la recomendación médica. Las pacientes también pueden olvidarse de que, de acuerdo con las condiciones del bebé, un parto natural puede convertirse en cesárea, por seguridad.

“Hay pacientes que te piden anestesia cuando ya tienen las contracciones y hay pacientes a las que se les otorga y pacientes a las que no se les puede otorgar, por cuestiones fisiológicas del cuerpo; es decir, si yo les pongo una epidural antes de que tengan seis centímetros de dilatación cervical, se le detiene el trabajo de parto”, explicó.

La mujer piensa que cuando tiene un centímetro o dos ya la tienes que anestesiar y como no concedes esa petición lo tilda de violencia obstétrica

Montserrat Hurtado/Médica

Otra falta de atención por parte de mujeres embarazadas es no llevar un control de sus consultas prenatales, pues hay casos en los que llegan a parir sin ninguna consulta previa. Han llegado a clínicas con virus del papiloma humano sin saberlo o con ningún historial de revisiones de Papanicolaou.

Por burdo que parezca, opinó la médica, también persiste en pacientes el pensamiento mágico frente al médico, “se niegan a tomar ácido fólico, pero sí aceptan ponerse un segurote en la panza en luna llena”.

Con base en lo anterior, Hurtado insistió en que hay confusión en las madres en varios casos donde acusan violencia obstétrica, pues culpan a los doctores o enfermeros de malestares que se deben a una omisión suya.

DAÑOS PSICOLÓGICOS

“En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos”. Génesis 3:16. El castigo que Dios impuso a Eva, según la Biblia, ha resonado como una maldición cultural asumida por muchas mujeres en la actualidad, lo que ha hecho que la violencia obstétrica sea, más que un delito, algo que no puede ser de otra manera.

La cultura ha reforzado la idea de la maternidad sufrida y las madres guardan una especie de respeto al sufrimiento desde el parto, por eso no se denuncia mucho

Ana Celia Chapa/Psicóloga

“Las mujeres sienten una culpa enorme y es una cruz con la que deben cargar, la cultura ha reforzado la idea de la maternidad sufrida y las madres guardan una especie de respeto al sufrimiento desde el parto, por eso no se denuncia mucho”, señaló Ana Celia Chapa, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

La especialista indicó que, con el tiempo, el maltrato de este tipo crea secuelas psicológicas como depresión postparto, ansiedad, incluso trastorno de estrés postraumático, sin contar que puede afectar el vínculo de la madre con su hijo, al recordarle reiteradamente lo que vivió para la concepción, provocando, incluso, problemas en la lactancia.

En entrevista para La Razón, la académica explicó que, si bien hay muchas investigaciones realizadas por el Instituto Nacional de Salud Pública, por el Instituto de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz y en la Facultad de Psicología, no ha tenido un impacto a nivel de difusión para que las mujeres conozcan sus derechos, que están vinculados con los sexuales y reproductivos.

Consideró que, a pesar de que existen algunas legislaciones sobre la violencia obstétrica, al no haber una homogeneidad a nivel federal, las medidas para prevenirla se quedan en recomendaciones. Por eso, su seguimiento se hace más a través de la CNDH, los consejos para prevenir la discriminación o la Comisión Nacional de Arbitraje Médico.

A su percepción, una forma de encuadrar la conducta en un sistema que permitiera su atención oportuna es en la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia.

“Hay factores de alerta para que las madres identifiquen la legitimidad de su malestar. En ese sentido, es primordial que las afectadas no sientan la culpa de sus malestares, para que, si sufrieron violencia obstétrica, recurran a expertos que puedan ayudarlas”, dijo.

Hay formas de reconocer que se sufre de violencia obstétrica: la sensación continua de revivir el evento (de las agresiones durante el parto) y que, aunque lo quieren evitar, viene a través de sueños o imágenes en pensamientos.